La plaza Generalife pasa a llamarse Plaza Currito el de la Viña

El pleno ordinario del mes de abril, celebrado el pasado lunes 22 aprobó por unanimidad de los asistentes ( ningún concejal del PSOE asistió al pleno) el cambio de nombre de la Plaza Generalife a Plaza Currito el de la Viña. Se trata de una propuesta del Equipo de Gobierno que considera “que los nombres de calles y plazas deben recaer en personas o acontecimientos que son o han sido importantes para el pueblo, porque ello contribuye a crear comunidad y unir a la vecindad”.

Según recoge el acta del pleno Francisco Moreno Sánchez, Currito, nació en nuestro pueblo el 10 de junio de 1931 y la mejor definición que puede hacerse de él es que ha sido toda su vida un trabajador incansable y un emprendedor en continua evolución. Currito, el del tabaco, el del café, el de la tienda, el de la furgoneta, el del polvero, el de La Viña..
Para el Alcalde Hugo Palomares “Francisco Moreno Sánchez, Currito el de la Viña, ha sido una persona honrada y trabajadora, adelantada a su tiempo, pues sin duda sería lo que hoy se denominada emprendedor por lo que merece sin duda ese reconomiento. Era intención de este equipo de Gobierno haber hecho el cambio antes, pero se ha aprovechado el arreglo de la Plaza para que esta ya remodelada luzca con el nombre con el que la mayoría de vecinos la conocen de siempre".

Biografía resumida

Francisco nació en el seno de una familia humilde y desde pequeño tuvo que trabajar. Comenzó en la agricultura y ganadería, Más tarde, a finales de los años 40, en los tiempos del hambre y con apenas 18 años, la necesidad, acompañada de su espíritu inquieto, le llevó a embarcarse en una experiencia que marcaría su vida. Resolvió que el comercio del estraperlo podría ayudarle a completar la renta familiar de subsistencia y Currito no lo pensó. Decidió compaginar su trabajo diurno en los campos con el de contrabandista. Organizaba expediciones hasta Gibraltar y a la vuelta, con un capote cubriéndolo, con los fardos a la espalda y acortando camino por las sierras de Jimena y Puerto Galiz encontraba las rutas de llegada hasta la campiña de Bornos. Eran muchos kilómetros a pie (gastaba dos pares de alpargatas en cada trayecto), pero ni el miedo a ser interceptado, que lo fue en varias ocasiones, ni el sufrimiento de soportar la pesada carga y las inclemencias del tiempo le hacían renunciar. Con esta actividad trajo hasta nuestro pueblo cierta prosperidad hasta entonces prohibida en el libre comercio por el régimen de Franco. Tabaco, café medicinas, piedras de mechero y otros artículos estuvieron al alcance de nuestros paisanos gracias a su arriesgado ímpetu durante muchos años.
Posteriomente junto a su esposa abrió una tienda para la venta de comestibles. Un negocio que ofrecía muchas facilidades de pago a sus convecinos y con el que ayudó a muchas familias en la época de mala vida que les tocó vivir.

Con la entrada de los años sesenta llegaron los cambios en la economía de nuestros pueblos y ante la emigración y la demanda que empezaba a haber de mano de obra por los campos, Currito emprendió una nueva actividad. Invirtió en la compra de un vehículo para el transporte de personas. Con una furgoneta asistió a cientos de familias temporeras bornenses que se desplazaban hasta las haciendas de media Andalucía para las campañas del algodón, de la aceituna, de la vendimia…. con la incipiente emigración a Cataluña también acompañó a muchos vecinos en esos duros momentos de tener que alejarse de su pueblo y de su gente. Los estudiantes que marchaban a estudiar fuera primero (Utrera, Campano, Cáceres, Sevilla) y a la vecina localidad de Arcos más tarde, también guardan un grato recuerdo de él y su furgoneta. Posteriormente cambiaría a transporte de mercancías.

Después de muchos años de trabajo y de esfuerzos, un día, en el año 1965, la suerte le sonrió. Le tocó la lotería nacional y con el premio, aparte de ordenar la siempre justa economía familiar, invirtió en la compra de unos terrenos conocidos como La Viña, ubicados detrás de la calle Calvario y aledaños a los del cortinar de “El Cávila donde primero montó una actividad ganadera y posteriormente fue un polvero.

Paralelamente detectó que el casco urbano de la localidad estaba encorsetado y convenió con el Ayuntamiento un ensanche urbanístico de la localidad mediante la urbanización de parte de los terrenos de La Viña para configurar las actuales calles Escaleras, Torre del Oro, Giralda, Málaga, Andalucía y prolongación de la calle Arcos. De esta forma se ofreció la posibilidad de compra de solares a muchos jóvenes que tuvieron la oportunidad de construir su propia vivienda, y que en estos días, conforman una comunidad de buenos vecinos integrada en nuestro municipio.

En los años ochenta y con una potente empresa de construcción a pleno rendimiento, Currito dio trabajo a muchas personas que por unas temporadas no tenían que marchar fuera de Bornos a buscar el jornal. Construyó la piscina municipal e hizo otras obras promovidas por el Ayuntamiento, aparte de promociones de viviendas que ayudaban a paliar la tímida demanda que había en esta localidad.

Después de toda una vida de trabajo, en los años noventa tocaba pensar ya en la jubilación y decidido a volcar toda su trayectoria empresarial, a veces dura a veces enriquecedora, planificó con el Ayuntamiento un nuevo convenio de urbanización de los terrenos que quedaban de La Viña. Una gran plaza, presidiría la nueva bolsa de terreno urbano creada para el disfrute de los vecinos, reservándose para si un modesto lugar donde pasar la última etapa de su vida disfrutando de sus hijos y nietos.

Por todo ello el Ayuntamiento de Bornos estima procedente reconocer públicamente a don Francisco Moreno Sánchez tanto su trayectoria personal como profesional con el nombre de esta plaza.